Chapter 3:
AULA A OTRO MUNDO
Llevaban caminando más de una hora. El sol, aunque presente, no era del todo reconfortante debido al cielo despejado que provocaba que el calor fuera persistente. Era como si fuera verano o primavera.
Los árboles comenzaban a menguar, dejando paso a una especie de llanura cubierta de maleza baja y rocas cubiertas de musgo oscuro. Fue entonces cuando Atsuko, que se había adelantado con Anna y Masato, gritó:
—¡Eh! ¡Mirad esto!
Todos corrieron hacia su posición.
Ante ellos se alzaban los restos de una construcción ciclópea, devorada por la vegetación. Columnas de piedra negra, retorcidas por el paso del tiempo, se erguían como huesos fósiles. Había fragmentos de muros, escaleras a ningún sitio, y arcos que desafiaban la lógica con ángulos imposibles.
—¿Qué es esto? —susurró Satsuki.
—Definitivamente no es japonés —añadió Anna, agachándose junto a una losa cubierta de símbolos.
—Ni chino, ni coreano, ni nada que haya visto jamás —añadió Yusuke Abe, el estudiante más inteligente del curso —Lo sabré bien; estudio idiomas en mis ratos libres.
—Empollón —se burló Goro, haciendo que Masato y Nozomi rieran con él. Yusuke les ignoró por completo, como si no existieran.
Kakeru se arrodilló junto a la inscripción. Los símbolos brillaban levemente con una luz azul tenue, como si respondieran a su presencia.
—Esto está escrito en... algo —murmuró —Y no sé por qué, pero tengo la sensación de que significa algo importante. Como si debiéramos recordarlo.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Jin —¿Que... lo entiendes?
—No... pero al mismo tiempo... casi que sí. Es raro.
—Tal vez no. Te parece familiar porque se parece algo al japonés —aseguró Yusuke —Por el orden de las palabras y la forma de los símbolos. Pero la organización... Es diferente.
—No toquéis nada —ordenó Goro, retrocediendo un paso —Esto tiene mala pinta.
—Tal vez sea un santuario —sugirió Anna —O un templo.
—¿Y si es una tumba? —susurró Atsuko —¿O una prisión?
Todos se quedaron en silencio.
Una ráfaga de viento recorrió las ruinas. No era aire común. Estaba cargado de algo... eléctrico. Un murmullo ininteligible pareció colarse entre los huecos de las piedras. La profesora Hatanaka se estremeció.
—No me gusta este sitio. Vayámonos.
—Espera... —Kakeru se acercó a una de las paredes. Había un grabado tallado: una figura rodeada de otras más pequeñas. Sostenía una esfera entre las manos. La imagen parecía moverse ligeramente si se la miraba el tiempo suficiente.
—¿Veis eso? —preguntó —Es como si...
—¡No toques nada! —repitió Goro —No sabemos si está maldito o algo.
Kakeru retrocedió, pero no por miedo. Por precaución.
—Sea lo que sea, alguien construyó esto —dijo pensativo Yusuke —Y ese alguien sabía cosas que nosotros no.
—¿Insinúas que hay... personas aquí? —preguntó Masato.
—O que hubo.
—Entonces, tal vez haya más ruinas como esta —dijo Satsuki —Y si las seguimos, podríamos llegar a... alguna parte.
—Una ciudad —añadió Anna —Una aldea, lo que sea. Gente. Comida. Explicaciones.
—¿Y si encontramos otra de esas criaturas? —intervino Atsuko, nerviosa.
Kakeru respiró hondo.
—Entonces... aprenderemos a sobrevivir.
Se hizo el silencio otra vez.
El grupo decidió moverse. Pero antes de marcharse, Kakeru lanzó una última mirada al grabado. Por un instante, creyó ver a la figura central mirarlo directamente.
Y sonreír.
///
De camino a la salida, Kakeru tropezó y por puro acto reflejo se apoyó en la pared cercana. Entonces empezó como a desmoronarse.
—¡Torpe! —saltó Goro —¡Te dije que no lo tocaras!
—¡No es culpa mía! —se defendió Kakeru, dando un paso atrás.
Pero en vez de romperse, la pared parecía estar... ¿Pelándose? Como si una capa de polvo se estuviera separando por su cuenta para mostrar algo debajo.
—¿Pero qué...?
El mural reveló entonces una imagen donde varias figuras estaban arremolinadas alrededor de una especie de círculo dorado. O al menos así lo parecía. Lo raro es que tenían aspecto de venir de diferentes partes del mundo... Y épocas. Había romanos, caballeros medievales, mosqueteros franceses, samuráis... Espera, ¿samuráis?
—¡Esto son samuráis!
—¡Es verdad! —exclamó la profesora —A lo mejor hay más japoneses aquí.
—Pero, ¿qué es esto? —preguntó confundida Satsuki
—Ni idea. Tal vez fuera algún tipo de registro dejado por otros del pasado.
—Los dibujos son una buena forma de expresar algo cuando no sabes hablar el idioma de otros —comentó Yukari Aida, una joven artista de aspecto sombrío —Son bastante rudimentarios, como si de pinturas rupestres se tratara...
De pronto, una voz desconocida habló en una lengua que no entendía nadie.
—¡¿Quién ha dicho eso?! —saltó Atsuko.
Kakeru se giró para seguir el origen cuando...
—Yusuke...
—¿Si?
—¿Tú también ves eso o me estoy volviendo loco?
Señalando al otro extremo de la sala, ante ellos había una especie de hombre-lagarto que se sostenía sobre dos patas. Todos retrocedieron, asustados, y Yusuke se recolocó las gafas como incrédulo que lo que tenía ante él.
—No pongas en duda tu cordura, Ito; yo también lo veo.
—Ohgraciasadios...
La criatura caminó hasta acercarse al mural, que observó con detenimiento.
—¿Qué hace? —preguntó Goro a Masato.
—Ni idea.
—No parece peligroso —aseguró Jin —Al menos no parece tener intención de hacernos daño...
Pero desoyendo sus comentarios, Goro se lanzó sobre él.
—¡Idiota, detente!
Por suerte, antes de que pudiera hacer nada más o llegar a rozar siquiera a la criatura, Kakeru le hizo un placaje a mitad de camino.
—¿Qué haces? ¡Suéltame!
—¡Intento ayudarte! Podría matarte para defenderse.
—¡Que me sueltes!
Goro apartó a Kakeru de una patada, haciendo que cayese de espaldas.
—¡Kakeru! —intervino Satsuki —¡Ya basta, Goro! ¡Eres un animal!
—Es culpa suya.
El hombre-lagarto se giró y ayudó a Kakeru a levantarse. Luego le ofreció su cantimplora-calabaza. Al ver que dudaba, dio un trago para demostrar que era seguro y se la volvió a ofrecer. Kakeru bebió con cierto reparo.
—¡Kakeru!
—Déjalo, a ver si se muere y nos deja de molestar.
—¡Goro, ya está bien! —intervino la profesora —¡Si sigues con esas, entonces te puedes ir a otra parte! ¡No ayudas!
Pero Kakeru no murió. De hecho, estaba bastante bien.
—Es solo agua —dijo solamente.
La criatura ofreció la calabaza a los demás. Pese a que los demás dudaban, Yusuke dio un paso al frente y la tomó.
—Puede que sea un gesto de buena voluntad —explicó mientras daba un sorbo —Mejor no ofenderle. No sabemos si tiene más amigos esperándole.
Uno a uno, todos acabaron bebiendo de la cantimplora hasta que volvió a manos de su dueño.
—Qué raro —dijo Satsuki —No parece tan grande como para que podamos beber todos sin acabarla.
—¿Será mágica? —inquirió Anna.
—Si, claro —se burló Nozomi, la chica mala de clase, con tono condescendiente —Y también cabalga un unicornio, no te fastidia...
—En realidad, no es buena idea cruzarse con ellos.
Todos dieron un respingo al oír que la voz de su nuevo interlocutor era la del mismo Hombre-Lagarto.
—¡¿Habla?! —dijo sorprendida Nozomi —¿Cómo es que ahora...?
—Poción omnilingüística —les explicó, alzando la calabaza —Práctica para esta clase de situaciones. Ahora podréis entender la lengua común de Galathea.
—¡Es verdad! —dijo Masato —¡Ya puedo leer ese muro...! Y sigue sin tener sentido.
—Está roto, genio —le espetó Yusuke —Dudo mucho que lo tenga.
—Ves, ves —se burlaba Anna hacia Nozomi —"Pociones". Es magia.
—Qué molesta...
—Sois un grupo peculiar —inquirió el hombre-lagarto —Me llamo Takar. Soy un explorador de mi tribu ¿Qué hacen unos Altior en las Tierras del Norte?
—¿Al-qué? —preguntó Masato.
—Altior. Es lo que sois. Vuestra especie.
—Somos humanos. De la Tierra.
—¿Qué tierra?
—No; de la Tierra. El planeta Tierra. De Japón, más concretamente.
La criatura se quedó sin palabras.
—¿Sois...? ¿Sois de otro mundo?
—¿Otro mundo? —preguntó Akane —Espera, dijiste que esto era "Galathea". Con eso quieres decir...
—Este continente. Galathea.
La mujer dio un respingo.
—¡¿ESTAMOS EN OTRO MUNDO?!
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