Chapter 7:
AULA A OTRO MUNDO
Mientras tanto, en el campamento, la atmósfera se había vuelto tensa y silenciosa. Nadie hablaba mucho. Algunos fingían revisar provisiones, otros simplemente observaban el bosque, como si esperaran ver aparecer a Kakeru en cualquier momento.
El sol ya descendía, filtrando una luz naranja entre las ramas altas del bosque cuando los primeros en volver al campamento fueron Akane, Masato y Kenta. Llevaban algunas raíces comestibles, hierbas que la profesora les había enseñado a identificar y un puñado de bayas que no parecían venenosas.
—Estamos de vuelta —anunció Akane, visiblemente aliviada al ver que el resto seguía allí.
—¿Encontrasteis algo útil? —preguntó la profesora, acercándose con gesto preocupado.
—Un poco de comida. Y un curso intensivo sobre lo inútiles que somos con los mapas —respondió Kenta, dejando la mochila en el suelo.
—Hemos visto un arroyo a unos quince minutos de aquí —añadió Masato —Nada grande, pero sirve para llenar cantimploras y refrescarse un poco.
No tardaron mucho en aparecer también Atsuko y Satsuki. Venían por el lado opuesto, más cubiertas de polvo que el resto, y aparentemente sin hallazgos.
—¿Todo bien? —preguntó Akane, alzando una ceja.
—Satsuki está bien, así que el resto da igual —dijo Atsuko, cruzándose de brazos con desdén.
Satsuki se giró hacia ella, con expresión agotada.
—Atsuko, de verdad…
Atsuko se sobresaltó un momento. Abrió la boca un momento sin decir nada, como si no esperase esa reacción. Luego forzó una sonrisa torpe, sin disimular el tono nervioso:
—¡Bueno, era una broma! Ya sabes, je, je... Claro que me importáis todos, sí, sí… Bueno, casi todos. ¡Pero tú la que más, claro!
Satsuki suspiró profundamente caminando hacia el fuego sin decir más.
—Bien ¿Y los demás?
Todos se miraron entre ellos, sin saber qué decir.
—¿Kakeru y Yumi no han vuelto?
Akane negó con la cabeza.
—¿Cuánto llevan fuera? —preguntó Atsuko, sentada con las piernas cruzadas junto a un fuego pequeño, que apenas crepitaba.
—Si acabamos de llegar... Unos treinta minutos, tal vez —respondió Satsuki, sin apartar la vista del límite del claro —No deberían haber tardado tanto.
—¿Y si se han perdido? —preguntó Masato, más inquieto que de costumbre.
—O peor —añadió Nozomi en voz baja, casi para sí misma —¿Y si los ha atrapado algo?
—¿Como qué, una criatura mágica como el bicho gigante que nos atacó en las ruinas? —espetó Kenta.
—No tiene por qué ser mágico. Pero puede ser peligroso de todas formas —contestó Akane con calma, mientras sujetaba una cantimplora entre las manos.
Goro estaba recostado contra un tronco, los brazos cruzados y la mirada fija en el cielo.
—Ese idiota se fue porque quiso. Y la estirada de Otonashi le siguió por el mismo motivo. Ya no es nuestro problema.
Akane lo miró con el ceño fruncido.
—Sí lo es, Goro. Todos estamos en esto juntos, te guste o no. Como profesora soy responsable, sí, pero tú también lo eres cuando provocas este tipo de situaciones.
Él no respondió, se limitó a chasquear la lengua y darle la espalda.
—Sensei, ¿no deberíamos ir a buscarlos?—preguntó Satsuki.
—Si no regresan en diez minutos, saldré yo misma —respondió Hatanaka— Ir tras ellos a ciegas solo nos dispersaría más. Necesito que confiéis en que sabrán volver.
La profesora hizo una pausa. Luego contestó, más seria:
—No vamos a entrar en pánico, ¿de acuerdo?
Todos asintieron en silencio, menos Goro, que seguía sin moverse. La quietud se hizo densa, y el rumor del bosque pareció envolverlos por completo. El viento crujía entre las ramas. Unas hojas cayeron con lentitud, como si el tiempo se alargara a propósito.
De pronto, un crujido seco. Unas ramas, no muy lejos. Todos se pusieron en alerta.
—¿Habéis oído? —susurró Atsuko, poniéndose en pie.
—Sí —respondió Akane, bajando la voz.
Otro crujido. Más cerca esta vez.
Satsuki se puso de pie junto a Atsuko, sin hacer ruido. Hatanaka se adelantó, alzando una mano con gesto calmado pero firme.
—Tal vez sean ellos.
Pero no lo eran.
Desde entre los árboles, algo asomó. Era una figura de piel verde, bajita y menuda. Vestía una especie de taparrabos y una armadura de cuero con casco y garrote.
///
La vegetación se volvía más espesa. Kakeru y Yumi avanzan por un sendero irregular, con restos de piedras y columnas cubiertas de musgo. Han estado caminando en silencio durante varios minutos.
—Esto está prácticamente vacío.
—Qué raro. Que haya construcción significa que también habrá civilización.
—Lo sé, pero...
Unos gritos lejanos cortan la conversación como un cuchillo.
—¡Esa era Atsuko!
—Ha sonado muy cerca. Debemos de habernos acercado al campamento sin darnos cuenta. Y algo grave está pasando.
—¡Vamos!
Yumi echa a correr. Kakeru se queda medio segundo atrás, sorprendido.
—¡Oye, espe…! ¡Maldita sea, siempre igual!
El delegado salió corriendo tras ella. Tras atravesar unos arbustos, emergen en una zona semiabierta del bosque. Allí, se encuentran una escena caótica:
Satsuki forcejea con una criatura pequeña y deforme. Tiene piel verde, orejas puntiagudas y va vestido apenas con un taparrabos. Sujeta un garrote con el que intenta golpear, pero Satsuki se lo impide con ambas manos.
—¿Pero qué...? —empieza Yumi, pero antes de poder terminar otro grito corta el aire: Atsuko de nuevo.
Esta se encuentra tirada en el suelo, temblando como una hoja. El resto pelea contra un grupo de más de esas criaturas que han aparecido de la nada.
—¡Satsuki-neesama!
—¡Corre, Atsuko! ¡Ve con los demás! ¡Deprisa!
—¡No puedo abandonarte con esa bestia!
—¡Vete, rápido! ¡Puede que no esté solo! ¡No tiene sentido que nos atrapen a las dos!
Demasiado tarde. Un segundo goblin aparece de la maleza. Se lanza sobre Atsuko, la agarra del cabello con violencia y empieza a arrastrarla.
—¡NOOO! ¡SUÉLTAME! ¡NO ME TOQUES! ¡SATSUKI-NEESAMA! ¡SATSUKI-NEESAMA!
—¡Atsuko! ¡Maldita sea!
Kakeru y Yumi no dudan más.
—¡Tú ve a ayudar a Atsuko! ¡Yo asistiré a Satsuki!
—¡Sí!
Yumi agarra varias piedras del suelo y corre hacia Atsuko. Lanza una con fuerza, impactándole a su enemigo en el ojo a la primera. La criatura suelta un alarido agudo y se tambalea, liberando a Atsuko, que reacciona con una violenta patada en el abdomen, haciéndolo caer.
Kakeru embiste al atacante de Satsuki desde un lateral, haciendo que pierda el equilibrio y se golpee la cabeza contra una columna derruida. Cae inconsciente.
Los demás consiguen espantar a sus respectivos grupos. Pero mientras tanto, Atsuko, jadeando de rabia y adrenalina, se lanza sobre su atacante caído. Agarra una piedra gruesa del suelo y comienza a golpear.
—¡Cómo te atreves a tocarme! ¡Cerdo! ¡Maldito ¡Asqueroso!
Yumi corre a detenerla.
—¡Atsuko, cálmate! ¡Para!
Atsuko no la oye. Sigue golpeando. Sangre púrpura salpica el suelo, la piedra, sus propias manos. Akane corre a asistirla y la agarra del brazo con más firmeza.
—¡Está bien, está bien! ¡Calma!
Finalmente, Atsuko para y jadea con la piedra aún en alto. Su rostro está desencajado, con lágrimas de rabia y miedo. La criatura ya no se mueve. Solo queda un charco húmedo y purpúreo donde antes hubo un enemigo.
Silencio. Todos se quedan paralizados, mirando la escena. El bosque, de pronto, parece más silencioso que nunca.
—¿Eso eran...? —comenzó Kakeru
—Goblins —admitió Yusuke —Pequeños bastardos cabrones. Parece que aquí hay varios.
—¿Cómo sabes eso? —inquirió Goro.
—Takar me entregó esto —mostrando un libro —Es un diario de investigación muy práctico con todo tipo de información sobre el mundo que nos rodea.
—Conque eso era lo que hacías todas las noches que te pasabas en vela, eh —admitió Nomura.
Pese a sus palabras, nadie parecía estar de humor para gracias. Hasta Nomura se avergonzó de sí mismo, convencido de que aquello no era lo adecuado en esa situación justo después de hablar.
Pues el mundo es grande y reina la ley de la selva.
Y la noche era oscura y ocultaba horrores.
Please sign in to leave a comment.