Chapter 2:

Capítulo 2 — La velocidad que no conocía

HEREDEROS DEL ORIGEN


El aula de Primer año estaba en silencio.

Un silencio pesado. Incómodo.
Denso.
Las miradas iban y venían entre dos puntos : Sophie Harusaki… y Enji Kagetsu.
El jugo de naranja aún caía lentamente desde el cabello de Harusaki, resbalando por su frente, por sus mejillas, mezclándose con lágrimas que ella intentaba contener.
Sus manos temblaban ligeramente mientras miraba al suelo.
Nadie decía nada.
Nadie intervenía.
Hernán Yamashiro se había levantado.
Ahora estaba frente a Enji Kagetsu.
Firme.
Recto.
En silencio.
Sus ojos no gritaban.
 No amenazaban.
Pero había algo en ellos.
Enji Kagetsu sonrió con arrogancia.
Una sonrisa torcida.
—¿Qué pasa, “Sin elemento”?
—dijo levantando una mano.
Fuego comenzó a brotar desde su palma.
 Primero una chispa.
 Luego una llama clara y viva que danzaba con intensidad creciente formando una esfera.
El calor empezó a sentirse en el aula.
Algunos alumnos retrocedieron.
—¿Quieres pelear?
Hernán Yamashiro no respondió.
Pero no retrocedió.
Y eso fue suficiente.
Enji Kagetsu dio un paso al frente, elevando la mano envuelta en fuego, dispuesto a golpear
¡BANG!
La puerta del aula se abrió violentamente.
Todos voltearon.
En la entrada estaba el profesor Takashi Raiden.
Alto.
 Imponente.
Con una mirada severa que cortaba el aire.
Y junto a él, una chica de último año Miwa Raiden.
Ella no miró a Enji Kagetsu.
No miró a Hernán Yamashiro.
Sus ojos fueron directamente hacia Sophie Harusaki.
Al verla empapada, con el cabello pegado al rostro y lágrimas cayendo sin control, su expresión cambió de inmediato.
Corrió hacia ella.
—Harusaki… —
Murmuró con preocupación, tomando su rostro con suavidad.
Mientras tanto, el profesor Takashi Raiden avanzó con pasos firmes.
—¿Qué está ocurriendo aquí?
Justo cuando Enji iba a lanzar el golpe, una mano fuerte sujetó su muñeca.
El fuego chisporroteó.
El profesor Takashi lo sostuvo sin esfuerzo.
Al mismo tiempo, con su otra mano apartó a Hernán Yamashiro unos pasos hacia atrás.
El aula quedó en silencio absoluto.
—Las peleas no están permitidas dentro de la clase
—dijo con voz grave.
Enji chasqueó la lengua.
Hernán seguía sin hablar.

El profesor Takashi miró a ambos.
Luego suspiró levemente.

—Pero si necesitan desahogarse…Hubo una pausa.

—Entonces lo harán correctamente.
El ambiente cambió.
—Vayan a la sala de combate.

Un murmullo recorrió el aula.
Miwa Raiden ayudaba a Harusaki a limpiarse el rostro, pero Sophie sus ojos estaban ahora fijos en Hernán.
El profesor Takashi soltó a Enji.
—Nada de rencores fuera de las reglas.
Si van a pelear… lo harán bajo supervisión.
Enji sonrió.

Esta vez con emoción.

—Perfecto.

Sus ojos brillaban.

Hernán respiró profundamente.

No tenía elemento.
Eso lo sabía.
Y también sabía que todos en esa sala lo sabían.
Pero algo dentro de él…No sentía miedo.

Sentía… otra cosa.
Una presión en el pecho.
Una sensación extraña.
Como si el aire mismo vibrara.
Como si pudiera percibir algo que los demás no.
Enji comenzó a caminar hacia la salida.
—No te arrepientas después, Sin elemento.
Hernán avanzó detrás de él.

En el fondo del aula, Harusaki levantó la mirada.

Sus ojos aún húmedos siguieron a Hernán.

Había preocupación.
Pero también algo más.
Confianza.
La puerta se cerró.
Y el verdadero enfrentamiento…
Apenas estaba por comenzar.
La escena cambió.
La sala de combate era amplia, circular, construida en piedra reforzada.
En el centro se alzaba una plataforma de concreto gris, marcada por grietas antiguas de enfrentamientos pasados.

Alrededor, tribunas elevadas rodeaban el campo como un pequeño coliseo moderno.

El murmullo era constante.
En uno de los sectores estaban los alumnos de Primer año.

Algunos emocionados. 
Otros nerviosos.

Otros simplemente curiosos por ver cómo terminaría aquello.

Entre ellos estaba Sophie .

Ya limpia, aunque sus ojos aún estaban ligeramente enrojecidos.

A su lado permanecía Miwa Raiden, observando con atención el escenario.
Sophie tenía las manos entrelazadas sobre sus piernas.
No apartaba la vista de la plataforma.
En el centro del campo estaba el profesor Takashi.

Su presencia imponía orden.
Sus brazos cruzados, su mirada firme.

A su derecha, Enji Kagetsu.
Se quitó el saco con lentitud y lo lanzó hacia un lado sin mirar.
 Luego comenzó a arremangarse la camisa, descubriendo sus antebrazos.
Chasqueó los dedos.
Chispa.
Otra vez.

Chispa.
Pequeñas llamas danzaron entre sus nudillos mientras una sonrisa confiada se dibujaba en su rostro.

—Espero que al menos aguantes unos minutos…
—murmuró, moviendo el cuello de lado a lado.
El calor alrededor de él comenzó a elevarse.
Al otro lado del profesor Takashi estaba Hernán Yamashiro.
No había fuego.
No había energía visible.
Solo respiración controlada.
Estiró un brazo.
Luego el otro.

Giró el cuello lentamente, soltando la tensión acumulada.

Después llevó la mano al nudo de su corbata.

La desató con calma.
La dobló.
La dejó a un lado.
Sus movimientos eran tranquilos.
Demasiado tranquilos.
Algunos alumnos murmuraban.
—Esto va a ser rápido…
—Kagetsu lo va a quemar en segundos…

—Es un sin elemento…

Enji escuchó eso.
Sonrió con orgullo.

El profesor Takashi dio un paso al frente.
—Reglas simples.
No ataques letales.

No técnicas prohibidas.
El combate termina cuando uno no pueda continuar.
Miró a Enji.

—Controla tu fuego.
Miró a Hernán.
—Y tú…
controla tu orgullo.
Hernán no respondió.

Pero levantó la mirada.

Sus ojos estaban distintos ahora.
Serios.
Concentrados.

Enji extendió su mano.

Las llamas crecieron, envolviendo su brazo hasta el antebrazo como si fuera una antorcha viva.

El calor se expandió por la plataforma.
Sophie sintió un escalofrío.

No por el fuego.
Sino por algo más.
El profesor Takashi levantó la mano.
—Comiencen.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Enji desapareció primero.
Un impulso explosivo.
El suelo bajo sus pies se agrietó por la propulsión del fuego.
—¡Veamos qué haces ahora, Sin elemento!

Una ola de fuego avanzó directa hacia Hernán.
Y por primera vez…
Hernán sintió algo claro.
El aire.
La energía.
La trayectoria.

Sus pupilas se dilataron.
El mundo pareció ralentizarse.

El fuego se acercaba.
Pero para él…
Era lento.
Muy lento.
Y su cuerpo reaccionó antes de que su mente entendiera.
Se movió.
La bola de fuego impactó el suelo.
Explosión.

Concreto quebrado.

Polvo elevándose.

Pero Hernán ya no estaba ahí.
Había dado un paso lateral.
Nada exagerado.
Nada espectacular.

Solo… un paso.

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

¿Eh…?Él mismo miró sus pies.
Había pensado que el golpe le daría.
Lo había visto venir.
Había sentido el calor.
Pero su cuerpo se movió antes de que pudiera aceptarlo.
En el aire, aún suspendido por el impulso de su propio fuego, Enji observaba.

Su ataque había fallado.
Frunció el ceño.
Chasqueó la lengua.
Tch…
Y entonces sonrió.
No con burla.
Con emoción.
—A ver si esquivas esto.
Extendió ambas manos.
El fuego brotó con más intensidad.
Y entonces
—Una tras otra.
Bolas de fuego comenzaron a dispararse como ráfagas.
No una.

No dos.
Múltiples.
Iluminando la plataforma como si fuera un bombardeo ardiente.

Las tribunas estallaron en murmullos.
—¡Está loco!
—¡Eso ya no es prueba, es ejecución!
—¡No puede esquivar todo eso!
Pero en el centro…
Hernán se movía.
Una bola rozó su hombro.
Otra pasó a centímetros de su rostro.
Otra explotó detrás de él.
Paso lateral.
Inclinación.
Giro de cintura.
Retroceso mínimo.
Adelante otra vez.

Sus movimientos no eran elegantes.

No eran calculados.
Eran instintivos.
Sus ojos estaban abiertos con incredulidad.
N-no sé cómo…Otra bola pasó rozando su cabello.
¿Cómo puedo esquivar esto…?
Sintió algo.
Justo antes de cada disparo.
Una presión leve.
Una vibración en el aire.
En su piel.
En su pecho.
Puedo sentir… justo cuando él va a lanzar…
Otra esquiva.
Más cerca.
Más ajustada.
Pero su cuerpo ya no dudaba.
Me estoy… acostumbrando…
En las tribunas, los alumnos estaban de pie.
La expresión de arrogancia inicial había desaparecido de muchos rostros.

Ahora había sorpresa.
Confusión.
Incredulidad.
Sophie apretaba su pollera con fuerza.
Sus dedos temblaban.
Por favor… por favor que no le dé…Una explosión hizo vibrar la tribuna.
El calor era sofocante.
Miwa Raiden, con los ojos bien abiertos, murmuró:

—¿Quién… es ese chico?
Sophie no respondió.
Solo miraba.
En la plataforma, el profesor Takashi observaba en silencio.
Sus brazos cruzados.
Su expresión cambió levemente.

Interés.

Pensamiento.

—Qué interesante…

—murmuró apenas audible.
En el centro del campo, Enji dejó de disparar.
El humo se dispersaba.
El concreto estaba marcado por cráteres ardientes.
Pero Hernán seguía de pie.
Respirando agitado.
Sin una sola quemadura.
Enji lo miró.

Ya no había burla en su expresión.

Había algo distinto.
Competencia.
Y una chispa de irritación.
El aire entre ambos se volvió pesado.

El bombardeo había terminado.
Y ahora…
La distancia entre ellos era corta.

Muy corta.
Enji bajó los brazos lentamente.
El fuego comenzó a concentrarse.
Compacto.
Más denso.
—Está bien…
—dijo con una sonrisa que no llegaba a los ojos.

Las llamas envolvieron sus puños.
—Entonces vamos a hacerlo más interesante.

Hernán levantó sus manos desnudas.
Su respiración aún acelerada.

Pero su mirada ya no era sorpresa.
Era decisión.
El verdadero combate…Estaba por comenzar.
El fuego se comprimió alrededor de los puños de Enji.
Más brillante.

Más caliente.

Más denso.

—Ahora veamos si puedes esquivar esto.
Desapareció.
Un impulso explosivo lo lanzó hacia adelante.
Su puño envuelto en fuego fue directo al rostro de Hernán.

El aire ardió.

Las tribunas contuvieron la respiración.
Pero en el último instante
—Hernán giró el cuello.
Un movimiento limpio.
Elegante.
El puño pasó rozando su mejilla.
El fuego alcanzó a tocarlo.
Un olor leve a piel quemada se dispersó.
Una línea roja apareció en su rostro.
Pero no se detuvo.
En el mismo movimiento de giro

—¡Impacto!

El puño de Hernán se hundió en la mejilla de Enji.

Seco.

Directo.
El rostro de Enji giró por el golpe
.Silencio.

Nadie esperaba eso.

Enji reaccionó rápido.

Intentó un gancho ascendente envuelto en fuego.
Pero esta vez
—Hernán no esquivó.
Lo detuvo.

Ambas manos atraparon el antebrazo ardiente.

El fuego lamió su piel.
Un sonido leve de quemadura.

Dolor.
Real.

Sus palmas comenzaron a enrojecerse al instante.

Enji sonrió con ferocidad.

—¿Qué pasó? ¿Ya no esquivas?
Giró su cuerpo con rapidez y lanzó una patada envuelta en fuego directo al torso.

Hernán cruzó los brazos.

Impacto.

El fuego estalló contra su defensa.

La fuerza lo empujó varios pasos atrás.

Sus antebrazos ardían.
La tela de su camisa comenzó a oscurecerse por el calor.
Pero no cayó.
No gritó.
Respiró.
Y en ese instante
—Sujetó la pierna de Enji.
Firme.

Con ambas manos.
Enji abrió los ojos con sorpresa.

Hernán tiró con fuerza.
El equilibrio se rompió.
Enji cayó de espaldas contra el concreto.
El impacto retumbó en la plataforma.
Un segundo de silencio absoluto.
Enji apoyó la mano en el suelo.

Fuego explotó bajo su palma.

Se impulsó hacia atrás y se puso de pie con una ráfaga ardiente.
Cuando el humo se disipó
—Ambos estaban frente a frente otra vez.
Hernán volvió a su posición de combate.
Guardia alta.
Respiración controlada.
Sus brazos estaban enrojecidos.

Pequeñas marcas de quemaduras visibles.

La mejilla le ardía.
Pero su expresión…Era firme.
Enji tocó su rostro.
Sintió el dolor.
Un moretón comenzaba a formarse en su pómulo.

Sus ojos ya no tenían arrogancia.
Tenían intensidad.
En las tribunas nadie hablaba.
Sophie tenía los labios entreabiertos.

Miwa Raiden murmuró:
—Le… pegó…

El profesor Takashi observaba con los ojos entrecerrados.
Analizando.

Enji escupió a un lado.
Luego sonrió.

Esta vez no por orgullo.

Por emoción real.
—Así que puedes golpear…

El fuego en sus puños creció nuevamente.
Más brillante que antes.
Más concentrado.
Y ahora…
Ya no peleaba para humillar.
Peleaba para ganar.
Y Hernán…

Aunque sus brazos ardían…
No retrocedió ni un paso.
Enji soltó una risa cargada de euforia.
No era burla.
Era adrenalina pura.
¡JAJA… ESTO ES LO QUE QUERÍA!
De pronto apuntó ambas manos al suelo.
El fuego descendió como una marea.
Se expandió por la plataforma.
Las llamas recorrieron el concreto como raíces ardientes hasta alcanzar las piernas de Hernán.
El pantalón comenzó a quemarse.
El calor subió por su piel.
Dolor real.

Hernán frunció el ceño.
Y saltó.

No hacia atrás.

Hacia adelante.
Directo a Enji.
Su puño se hundió otra vez en el rostro del peliverde.
Impacto seco.
La cabeza de Enji se movió hacia un lado.
Pero esta vez…No había arrogancia en su mirada cuando volvió a levantarla.

Había respeto.

Competencia pura.

—Bien…Y entonces comenzó el intercambio.
Puño.

Bloqueo.

Rodillazo.
Codo.
Fuego contra carne.
Carne contra fuego.
Cada golpe de Enji Kagetsu dejaba quemaduras.

Cada golpe de Hernán Yamashiro dejaba moretones.

El ritmo aumentó.
Las tribunas estaban en silencio absoluto.
Un sin elemento.
Peleando mano a mano.
Contra uno de los estudiantes más fuertes del segundo clan más poderoso del país.
Sophie se aferró a las barandillas.
Sus ojos brillaban.
No de miedo.

De emoción.
Yamashiro !!…
En la plataforma, Hernán encontró una apertura.
Rompió la defensa de Enji con un golpe descendente.
Y entonces
—Uno.
Dos.

Tres.
Cuatro.
Cinco.
Puñetazos directos al rostro y al abdomen.

Como si golpeara un saco de boxeo.
Enji retrocedía.
Pero no caía.
El público estaba de pie.
Cada impacto retumbaba.
Hernán lanzó uno más.
Un golpe cargado con todo su peso.

Impactó el rostro de Enji.
El sonido fue brutal.

Enji estuvo a punto de caer.

Sus rodillas temblaron.
Pero no tocó el suelo.

Sonido.
Sangre en la comisura de sus labios.
—Tienes…un alma inquebrantable, ¿eh?

Extendió los brazos a los lados.
El fuego se concentró.
Y explotó.

Una onda expansiva de llamas se expandió en todas direcciones.

Hernán fue empujado violentamente hacia atrás.
Su cuerpo rodó por el concreto.
El aire abandonó sus pulmones.
El dolor recorrió todo su cuerpo.
Intentó levantarse.
Su visión estaba borrosa.
Miró hacia adelante.

Vio a Enji aún de pie Tambaleándose.
Riéndose.
—Nunca me ganarás…

Sin elemento…Intentó avanzar.
Pero su cuerpo no respondió.
Y entonces.
—Enji logro dar un paso con dificultad .
Pero sus piernas cedieron.

Su sonrisa seguía allí.
Cayó de frente contra el suelo.
Silencio.
Hernán en el suelo intentó incorporarse una vez más.

Su mano tembló.
Sus ojos se cerraron.
Y cayó.
Golpe seco.
La plataforma quedó en silencio.
Ambos inmóviles.
El profesor Takashi observó un segundo.
Dos.
Tres.
Y entonces gritó con voz firme que resonó en todo el coliseo:


—¡EMPATE!

Las tribunas estallaron.
No en burlas.
En asombro.
Había nacido algo ese día.
No solo un combate.

Sino el inicio de una rivalidad destinada a convertirse en leyenda.
En el silencio de la sala de combate .
El eco de los aplausos rompió el murmullo.
Lento.
Rítmico.
Seguro.
Desde la entrada superior de la sala de combate, una figura descendía por las escaleras con elegancia.
Una mujer de cabello plateado, largo y perfectamente cuidado.
Su presencia imponía incluso antes de hablar.
Cada paso que daba parecía arrastrar una brisa suave.
El viento comenzó a rodearla con delicadeza… pero cargado de autoridad.
Algunos alumnos se quedaron paralizados.
—E-es…La directora !!!.
Detrás de ella ingresaron enfermeros con camillas, moviéndose con rapidez hacia el centro de la plataforma donde Hernán Yamashiro y Enji Kagetsu permanecían inconscientes.
La mujer observó el escenario.
El concreto agrietado.
Las marcas de fuego.
La sangre.
Las quemaduras.
Y sonrió levemente.
Aplaudió una vez más.
—Magnífico.
Su voz era firme.
Serena.
Dominante.
Se detuvo en el centro de la plataforma mientras los enfermeros comenzaban a revisar a ambos combatientes.
—Mucho gusto, alumnos.
El viento giró un poco más fuerte alrededor de su figura, moviendo suavemente su cabello plateado.
—Soy la directora Hana Harusaki.
Las tribunas quedaron en silencio absoluto.
—Y quiero que todos regresen a sus aulas ahora mismo.
No gritó.
No alzó la voz.
Pero la orden pesó como una montaña.
El viento que la rodeaba se expandió brevemente, recorriendo las tribunas como una presión invisible.
Nadie discutió.
Los alumnos comenzaron a retirarse rápidamente.
Sophie miró por última vez a Hernán siendo colocado en la camilla.
Sus dedos temblaron apenas…En pocos segundos, la sala quedó casi vacía.
Solo quedaban:
Los enfermeros.
Los dos inconscientes.
El profesor.
Y la directora.
Hana Harusaki avanzó entre las camillas.
Sus ojos se detuvieron primero en Enji.
Luego en Hernán.
Una pausa.
Interés.
Finalmente levantó la mirada hacia el profesor Takashi.
—Profesor Takashi…
—dijo con voz tranquila, aunque el aire a su alrededor se volvió más frío.
El viento dejó de ser suave.
Ahora era contenido.
—¿Podría explicarme por qué se realizó una pelea sin mi autorización… o sin la asistencia reglamentaria, como dictan las normas del instituto?
El silencio que siguió fue más pesado que cualquier explosión anterior.
El profesor Takashi sostuvo su mirada.
Sabía que no era solo una pregunta administrativa.
Era una evaluación.
Y en las camillas, inconscientes…yacían dos alumnos que acababan de cambiar algo dentro del instituto.
Fue entonces cuando, detrás de la directora Hana, se escuchó una voz suave.
—Disculpe… directora…
Hana se detuvo.
El viento a su alrededor se calmó apenas.
Giró el rostro.
Y sus ojos plateados se encontraron con Sophie.
La joven avanzó con timidez.
Sus manos juntas frente a su pecho.
—Disculpe… esto ocurrió por mi culpa…
El chico de cabello negro… Hernán… él solo me defendió de Enji.
 El profesor los detuvo… y supervisó la pelea…Respiró hondo.
—Así que por favor… no los castigue !!.
El silencio se volvió más denso.
Hana observó a Sophie.
Notó sus ojos ligeramente enrojecidos.
—¿Estuviste llorando?
—preguntó con calma.
Sophie bajó la mirada y asintió.
—Pero yo…
—Sophie.
La directora la interrumpió.
Su tono cambió.
No era suave ahora.
Era contenido.
Giró lentamente hacia el profesor Takashi.
El viento a su alrededor dejó de ser brisa.
Se volvió presión.
Las cintas de advertencia comenzaron a vibrar.
El cabello plateado de Hana se elevó levemente.
Sus ojos ya no eran solo autoridad.
Eran furia controlada.
—Profesor Takashi…
Su voz resonó en toda la sala.
—¿Cómo permitió que alguien molestara a mi hija?
El aire se volvió pesado.
—¿O acaso olvidó… que es una Harusaki?
El viento estalló en una ráfaga breve que hizo crujir el concreto bajo sus pies.—¿Olvidó que es una heredera del clan más fuerte?
El profesor Takashi inclinó levemente la cabeza.
—Tiene razón, directora.
Asumo total responsabilidad.
El viento alrededor de Hana seguía moviéndose con fuerza contenida.
Pero Takashi continuó.
—Sin embargo… he descubierto algo interesante.
La mirada plateada de la directora se afiló apenas.
—¿Interesante?
—Ese joven…
— Takashi señaló discretamente hacia la camilla
— se llama Hernán. Es un sin elemento.
La Directora Hana no mostró reacción.
Pero el viento disminuyó un grado.
—Y aun así
—continuó Takashi
— luchó de forma increíble.
Como pudo observar… dejó inconsciente a Enji Kagetsu.
El usuario de fuego más fuerte de su generación.
Silencio.
Solo el sonido de vendas siendo ajustadas.
Hana desvió la mirada hacia la camilla de Hernán.
Su expresión ya no era ira
.Era análisis.
Se acercó unos pasos.
El enfermero que lo atendía se tensó al sentir la presión del viento.
—Dime
—ordenó con voz firme
—. ¿Cuál es su estado?
El enfermero tragó saliva.
—El joven se encuentra fuera de peligro.
Está inconsciente… presenta quemaduras de segundo grado en brazos y piernas… pero se recuperará.
Hana observó las manos vendadas de Hernán.
Las quemaduras.
Las marcas.
Luego giró la cabeza hacia la otra camilla.
—¿Y él?
El segundo enfermero respondió de inmediato.
—Directora Hana, el joven Enji Kagetsu también está fuera de peligro.
Pero presenta múltiples contusiones musculares… y dos costillas rotas.
Silencio.
Pesado.
—El profesor Takashi habló en voz baja.
Enji Kagetsu pertenece al segundo clan más poderoso del país.
La Directora Hana lo miró.
—Lo sé.
Su expresión no cambió.
Pero sus ojos volvieron hacia Hernán.
Un sin elemento.
Quemado.
Pero en pie hasta el final.
Empate.
Contra un heredero de fuego avanzado.
El viento a su alrededor se calmó por completo.
—Llévenlos a la enfermería especial
—ordenó.
Los enfermeros asintieron.
Mientras las camillas comenzaban a moverse, Hana habló sin apartar la vista de Hernán.
—Profesor Takashi…
—Sí, directora.
—Quiero un informe detallado de cada segundo de esa pelea.
Pausa.

—Y quiero que nadie fuera de este instituto se entere… todavía.
Eso último no fue una sugerencia.
—Ese que dices que es un sin elemento es un Yamashiro !.

Fue una decisión política.
Porque si los otros clanes descubrían que un sin elemento había igualado a Enji…
Mas que ese sin elemento pertenece al clan Yamashiro.

El equilibrio de poder comenzaría a moverse.
Y la Directora Hana lo sabía.
Antes de retirarse, sus ojos brillaron apenas.
Como si hubiese percibido algo más en aquel joven inconsciente.
Algo que no era fuego.

Algo que no era viento.
Algo…
Antiguo.
Y peligroso.

Un día después

La oficina de la directora estaba en silencio.
Llena de estanterías altas, libros envejecidos y documentos sellados con emblemas de clanes.
El polvo flotaba en el aire, iluminado por la luz que entraba por una ventana alta.
La directora Hana cerró un libro con un suspiro.

—Esto no tiene sentido… no encuentro nada.
Había estado revisando registros antiguos.
Archivos olvidados. Crónicas que pocos leían.

Nada.
Hasta que la puerta se abrió suavemente.
—Directora… encontré algo interesante.

Era Miwa Raiden, la estudiante de tercer año.

Sostenía un libro antiguo entre sus manos.
—Pero está en otro idioma.

Hana levantó la mirada.

—A ver… muéstrame eso, Miwa.

Tomó el libro.

Al abrirlo, sus ojos se afilaron.

—¿Dónde encontraste esto?
—Es uno de los libros que enviaron desde el clan Yamashiro

—respondió Miwa.
Hana frunció el ceño.
—Es imposible… esto está escrito en español.
Miwa la miró sorprendida.

—¿Cómo sabe eso, directora?
Hana sonrió apenas, con un toque de orgullo.
—Soy directora. Es obvio que sepa varios idiomas… y el español es uno de ellos.
Sus ojos volvieron al texto.
Comenzó a leer con atención.

Su expresión cambió.

Interés.

Comprensión.

Y luego…Satisfacción.

—Perfecto… esto es lo que quería saber.

Miwa se acercó.
—¿Qué encontró, directora?

Hana cerró el libro lentamente.
Poniendo una sonrisa mientras que su cara mostraba preocupación.
—Hernán Yamashiro… no es un simple sin elemento.

El escenario vuelve a cambiar mostrando
.

La enfermería del instituto.
El ambiente era tranquilo.
Dos camas separadas por apenas unos metros.

En una, Enji estaba sentado, vendado en el torso, con expresión irritada.
En la otra, Hernán permanecía recostado, brazos vendados, rostro sereno.

A su lado, sentada en una silla, estaba Sophie.
Pelando una manzana con cuidado.
—¡La próxima vez te ganaré, idiota!
—gritó Enji.
Hernán ni siquiera lo miró.

—Sí, sí, sí… lo que digas.
Su tono era cansado.
Pero había una leve sonrisa.
Enji frunció el ceño.
—¡No me ignores!
Sophie extendió un trozo de manzana hacia Hernán.
Él lo tomó con naturalidad.

—Gracias, Sophie.
Enji los miró.
—¡Oigan! ¡Estoy hablando!
Hernán suspiró.
—Descansa. Tienes dos costillas rotas.
Enji hizo una mueca exagerada.
—Eso fue suerte.

Hernán giró la mirada hacia él.
Y sonrió levemente.
—Claro.
Enji apretó los dientes.
Pero luego…Sonrió también.

Pequeño.
Competitivo.
No había odio en la habitación.
Había algo nuevo.
Respeto.

Y el inicio de algo que con los años se convertiría en un lazo imposible de romper.
La enfermería quedó en calma.
Las voces se apagaron poco a poco.

La rivalidad se transformaba lentamente en algo distinto.

Pero ese mismo día…Sin que nadie lo supiera…Lejos del instituto.
En un callejón oscuro de la ciudad.
La lluvia caía con fuerza.

El agua golpeaba el asfalto.
Las luces de los edificios apenas iluminaban la escena.

Y entre las sombras…Una silueta encapuchada permanecía inmóvil.
No se veía su rostro.
Solo la parte inferior.
Una sonrisa.

Lenta.

Torcida.
Satisfecha.
La figura levantó apenas el rostro hacia el cielo gris.

Y murmuró:
—así que Japón ?…
La lluvia resbalaba por la capucha.

—Al fin lo encontramos !!!.
Un relámpago iluminó el callejón por un instante.
Y la silueta desapareció entre la oscuridad.

FIN CAPITULO 2

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