Chapter 2:

Raro?

Un Viaje al Pasado: Crónicas del Dragón.


El tiempo comenzó a avanzar más rápido después de eso.
O quizás siempre había sido así y Rachel apenas empezaba a notarlo.
La infancia era extraña.
Los días parecían eternos, pero los años desaparecían como un simple pestañeo.
Una mañana apenas podía alcanzar la mesa del comedor.
Y otra… ya estaba leyendo libros que otros niños ni siquiera entendían.
Su madre decía que aprendía demasiado rápido.
Su padre se reía diciendo que seguramente había salido defectuoso.
Su hermano mayor simplemente lo llamaba monstruo.
Y honestamente…
Rachel comenzó a pensar que tenían razón.


La lluvia golpeaba suavemente el techo de aquella madrugada.
Rachel abrió los ojos lentamente.
Todavía era de noche.
Su hermano dormía boca abajo con una pierna colgando fuera de la cama.
La habitación estaba oscura.
Silenciosa.
Pero la mente de Rachel ya estaba despierta.
Siempre lo estaba.
Se sentó lentamente mientras observaba las gotas deslizarse por la ventana.
Había algo hipnótico en la lluvia.
Algo triste.
—Otra vez pensando demasiado…
La voz apareció dentro de su cabeza.
Profundo.
Antigua.
Pesada como una montaña.
Rachel no se sobresaltó.
Hacía tiempo que se había acostumbrado a aquella presencia.
Vórtex.
Aunque todavía no conocía su nombre.
La voz simplemente existía.
Como si hubiera estado junto a él desde antes de nacer.
—¿Por qué los humanos duermen tanto? —preguntó Rachel en voz baja.
El silencio duró unos segundos.
> “Porque sus mentes son débiles”.


Rachel apoyó la cabeza contra la pared.
—Y la mía?
Otra pausa.
Más larga esta vez.
> “La tuya… es peligrosa”.


Rachel frunció ligeramente el ceño.
No entendía qué quería decir.
Pero algo en el tono de aquella voz hacía imposible tomarlo como una broma.



Cuando amaneció, su madre abrió la puerta de la habitación.
—Levántense o llegarán tarde.
Su hermano soltó un sonido extraño debajo de la almohada.
—Cinco minutos más…
—Eso dijo hace diez minutos.
Rachel ya estaba despierto.
Vestido.
Y sentado leyendo un libro viejo que había encontrado en la sala.
Su madre lo observó sorprendida.
—Otra vez leyendo eso?
Rachel.
Era un libro complicado.
Demasiado complicado para alguien de su edad.
Pero podía entenderlo.
No completamente.
Pero sí lo suficiente.
Su hermano salió finalmente de la cama arrastrando los pies.
Cuando vio el libro soltó un suspiro.
—Das miedo.
—Siempre dice eso.
—Porque siempre haces cosas raras.
Su madre soltó una pequeña risa mientras despeinaba el cabello de Rachel.
—Déjalo tranquilo.
—Pero sí está raro.
Rachel guardó silencio.
Porque en el fondo…
él también empezaba a sentirse raro.


La escuela fue decepcionante.
Ese fue el primer pensamiento de Rachel durante su primer día.
Niños llorando.
Otros corriendo sin sentido.
Algunos escondiéndose detrás de sus padres como si fueran a morir.
Rachel simplemente observaba.
El salón olía a lápices nuevos y plástico barato.
La maestra sonreia demasiado.
Y todos hablaban al mismo tiempo.
Demasiado ruido.
Demasiadas emociones.
Rachel se sentó cerca de la ventana.
Una niña se acercó lentamente.
—Hola.
Rachel levantó la mirada.
—Hola.
Ella molesta.
— ¿Cómo te llamas?
—Rachel.
—Yo me llamo Mili.Silencio.
La niña volvió a hablar.
— ¿Quieres ser mi amigo?
Rachel tardó varios segundos en responder.
No porque quisiera ser grosero.
Simplemente no sabía qué debía decir.
¿Qué significaba realmente “amigo”?
La niña inclinó la cabeza confundida.
— ¿No quieres?
—No lo sé.
Ella se quedó quieta unos segundos.
Después simplemente se alejó.
Rachel volvió a ver la ventana.
Y aunque todavía no lo entendía…
Aquella pequeña conversación sería una de las primeras señales de que nunca lograría relacionarse como los demás.


Las clases eran demasiado fáciles.
Aprendía todo rápidamente.
Conferencia.
Matemáticas.
Memoria.
Hacer.
Mientras otros niños tardaban semanas en entender algo, Rachel lo hacía en horas.
A veces minutos.
Los maestros comenzaron a hablar constantemente sobre él.
Escuchó una conversación una tarde mientras esperaba afuera del salón.
—Su hijo es increíblemente inteligente.
Su madre se irrita nerviosamente.
—Siempre ha sido así.
—Pero también es… extraño.
Silencio.
—¿Extraño?
—A veces siento que observa a las personas más de lo normal.
La expresión de su madre cambió ligeramente.
— ¿Eso es malo?
-No. Solo… parece demasiado consciente de todo.
Rachel bajó lentamente la mirada.
“Demasiado consciente”.
Aquella frase se quedó dentro de él durante días.
Porque era verdad.
Todo el tiempo sentí cosas que otros parecían ignorar.
Las mentiras.
La tristeza escondida.
La frustración.
El miedo.
Era como si el dolor humano fuera visible para él.
Y eso comenzaba a cansarlo.

> “Empiezas a notar las grietas.”


La voz de Vortex apareció aquella noche.
Rachel permaneció acostado mirando el techo.
—¿Qué grietas?
> “Las que sostienen a los humanos.”


—No entiendo.
Vortex guardó silencio unos segundos.
> “Todos fingen estar bien”.


Rachel pensó en sus padres.
En las sonrisas falsas durante la cena.
En el cansancio de su madre.
En la mirada perdida de su padre algunas noches.
Entonces comprendió algo aterrador.
Vortex tenía razón.




Con el paso del tiempo Rachel empezó a observar más y hablar menos.
Los otros niños gritaban.
Corrían.
Reían por cualquier cosa.
Él intentaba imitarlos.
De verdad lo intentaba.
Pero siempre terminaba sintiéndose fuera de lugar.
Como si estuviera viendo el mundo desde afuera.
Una tarde terminó peleando con otro niño.
No recordaba exactamente por qué.
Solo sabía que aquel chico estaba molestando a otro más pequeño.
Rachel sintió algo desagradable dentro del pecho.
El otro niño lo empujó primero.
Rachel respondió con un golpe.
Más fuerte de lo que esperaba.
El niño cayó al suelo llorando.
Todo el salón comenzó a gritar.
Entonces una voz conocida apareció detrás.
—¡Él empezó primero!
Su hermano mayor.
Había salido antes de clases.
Se puso delante de Rachel casi instintivamente.
—Rachel no hizo nada malo.
La maestra intentó calmarlos.
Pero Rachel apenas escuchaba.
Solo observaba a su hermano.
Más tarde, mientras caminaban a casa, Rachel preguntó:
—¿Por qué me defendiste?
Su hermano se encogió de hombros.
—Porque eres mi hermano.
—Pero siempre dice que soy raro.
—Sí, pero solo yo puedo decir eso.
Rachel guardó silencio.
Y por alguna razón…
Aquellas palabras le hicieron sentir algo cálido en el pecho.


Las noches comenzaron a empeorar.
Los sueños eran cada vez más reales.
Ciudades ardiendo.
Montañas destructivas.
Dragones cayendo del cielo.
Sangre.
Fuego.
Oscuridad.
Y unos enormes ojos rojos observándolo todo desde el cielo.
Rachel despertaba sudando mientras respiraba agitadamente.
Una noche decidió preguntar directamente.
—¿Quién es Dark?
El silencio fue inmediato.
Pesado.
Incluso Vortex parecía haber sido detenido por un instante.
> “¿Dónde escuchaste ese nombre?”


—En mis sueños.
La presencia permaneció callada varios segundos.
> “Nunca vuelvas a pronunciarlo tan fácilmente.”


Rachel sintió un pequeño escalofrío.
Era la primera vez que Vortex sonaba realmente serio.
—¿Quién es?
Entonces la voz respondió lentamente.
> “La criatura que destruyó mi mundo”.


Rachel abrió levemente los ojos.
—¿Tu mundo…?
Silencio.
Después…
> “Algún día entenderás.”

Los meses siguieron avanzando.
Rachel comenzó a entrenar su cuerpo todos los días.
Corría.
Hacía ejercicios.
Intentaba fortalecerse constantemente.
Su padre lo encontró una tarde haciendo flexiones bajo la lluvia.
—¿Qué haces?
—Entrenando.
Su padre soltó una pequeña risa.
—Todavía eres muy pequeño para eso.
—Quiero ser fuerte.
—¿Para qué?
Rachel pensó unos segundos antes de responder.
—Porque siento que algún día tendré que proteger algo importante.
Su padre guardó silencio.
No parecía saber cómo responder a eso viniendo de un niño tan pequeño.
Entonces se sentó a su lado.
—Escúchame bien, Rachel.
Él levantó la mirada.
—Ser fuerte no siempre significa pelear.
Rachel observa las gotas caer desde el techo.
—Entonces, ¿qué significa?
Su padre sonríe ligeramente.
—Seguir adelante incluso cuando estés cansado.
Aquellas palabras quedaron grabadas dentro de Rachel.
Porque aunque todavía era un niño…
ya empezaba a sentirse cansado del mundo.



Poco después cumplió cuatro años.
Ese mismo año nació su segundo hermano.
Rachel recordó perfectamente el momento en que lo vio por primera vez.
Era pequeño.
Frágil.
Demasiado indefenso.
Su madre lo sostenía cansadamente mientras sonreía.
Su hermano mayor parecía emocionado.
Rachel solo observaba al bebé en silencio.
Entonces el recién nacido abrió lentamente los ojos.
Y algo cambió dentro de Rachel.
Una sensación cálida.
Protectora.
Como si su cuerpo hubiera tomado una decisión antes que su mente.
No permitiría que le pasara nada.
Nunca.
Aquella noche Vortex volvió a hablar.
> “Así comienza”.


— ¿Qué cosa?
> “El deseo de proteger.”


Rachel permaneció mirando la oscuridad del techo.
— ¿Eso es malo?
El silencio dura varios segundos.
Y finalmente…
“No”.


La voz sonó extrañamente triste.
> “Lo peligroso… es lo que alguien puede llegar a hacer cuando pierde aquello que quiere proteger.”


Rachel no entendió completamente esas palabras.
Todavía no.
Pero muchos años después…
Comprendería que Vortex no estaba hablando solo de los humanos.
También estaba hablando de sí mismo.